jueves, 31 de marzo de 2011

Números


Números. Para todo. Diariamente. Números que siempre han estado muy cerca de mí. No por afanes puramente matemáticos, lo cual se demostró de la peor forma cuando intenté pertenecer al mundo de la ciencia, sino más bien por una suerte de obsesión, un enfoque a través de la lente de los símbolos. Veo números en todos los acontecimientos sustanciales y anodinos de mi vida, siempre en algún rincón: días, fechas, horas, años, domicilios, páginas, teléfonos, pagos, claves, cuentas bancarias, pasos de un punto a otro, letras, palabras, libros, muchos etcéteras; y su repetición, constante e inesperada, podría formar parte de un oscuro manuscrito, una bolsa llena de ocultos significados, observables sólo desde una distancia hecha de tiempo: otra vez esa idea de una escritura que se traza a diario, ayudada por nuestra propia ceguera ante las cosas trascendentales. Mas también hay ciertos números que evito supersticiosamente, como a la peste; a otros los asocio con la buena fortuna, con la maldad, con la muerte, con el sexo, o incluso (disculparán el rumbo) con el amor. Encuentros “casuales” que se suelen dar mediante ciertas combinaciones, abriéndose paso entre millones de posibilidades, entre los laberintos del azar cotidiano. Y así veo que seguirán allí los números, urdiendo significados sin parar, pero también multiplicando, sumando, restando o dividiendo recuerdos y experiencias. Todos esos números, para todo, diariamente…

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