jueves, 30 de julio de 2009

Grosopótamo

De talla colosal, tal como lo sugiere su nombre, el grosopótamo es uno de los animales más sedentarios que se conocen en las zonas cálidas del planeta. Sin embargo, se tienen registros de que su especie tuvo origen allende los mares de oriente, lo que desconcierta a los eruditos, quienes no logran hacer coincidir su natural pereza con los colosales esfuerzos que se requieren para cruzar de un continente a otro. De hecho, todo en esta criatura es colosal: su pereza, su tamaño, su apetito, sus heces, sus ridículas ínfulas ante otros animales, y es que además tiene la ingenua convicción de que todos tendrían que brindarle los más absurdos y colosales favores. Es así que fastidia a las megeracas para que los alimenten mientras ellos permanecen interminables minutos con el hocico abierto; cuando un día entre los días deciden desplazar su colosal trasero, no tardan en gruñir amistosamente a los chahuelames para que les abran camino entre las ramas de frondosos bosques, mientras que aquellos rezongan su impotencia en voz baja, con sonrisas zalameras y la cola entre las patas. Asimismo, los grosopótamos suelen provocar la ilusión de poseer una colosal fuerza de voluntad, debido al dramatismo con el que rugen mientras se acomodan entre el barro con el fin de refrescarse y desterrar de entre los innumerables pliegues de su piel a los cosquilleantes y molestos parásitos, sin embargo es lo cierto que confían el correr de los días al soplo del viento más propicio.

En cuanto a sus costumbres de apareamiento, nadie ha podido verlo con su propios ojos, lo cual generó una curiosa controversia hace varias décadas entre los más eminentes zoólogos de aquel entonces, ya que cierto grupo de estudiosos sostenía la aventurada tesis de que estas formidables bestias eran asexuadas, debido a que poseen un minúsculo miembro viril que se pensaba era un rabo cuya utilidad había dejado de ser vigente desde épocas prehistóricas.

4 comentarios:

Diana dijo...

wow. además de casi extinto castrado el pobre... muy interesante descripción.

GAB dijo...

sin embargo, se extravio uno la otra vez en el senado y creyo que el ruido de los arboles era el ronquido de los legisladores...

Saludos grosos

Gustavo López dijo...

Esta serie de sueños con animales me recuerda algunos títulos impostergables. Doy como ejemplo, el libro de Lorenz: Sobre la agresión, el pretendido mal, y aquel otro: La vida de las termitas, de Maeterlinck. No son literatura en sentido estricto, pero la risa que provocan...

Georgells dijo...

Acaso el grosopótamo es tan sólo ternura envuelta en grasa de innombrable grosor...

Genial Monkey King! Genial...

G.